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BASTION EN EL BANQUILLO ANTE LA JUSTICIA

    Sucedió un trágico 8 de Diciembre de 1998. El seguidor de la Real Sociedad, Aitor Zabaleta, moría de una puñalada en el corazón tras una emboscada contra los donostiarras, organizada por el grupo ultra neonazi Bastión en los aledaños del estadio del Atlético de Madrid. Era su respuesta a las pedradas que recibieron en el partido de ida, era una “cacería” del vasco en la que participaron medio centenar de ultras desde el medio día, causando diversos heridos, la mayoría mujeres integrantes de la Peña Izar, de la que era miembro Aitor.

El autor del crimen, Ricardo Guerra, fue condenado por un Jurado a 17 años de prisión, sin embargo los otros imputados por los graves hechos no se les ha juzgado hasta ahora, siete años después, no sin un dilatado recorrido lleno de recursos. Finalmente la Audiencia Provincial de Madrid, consideró procesar, otorgando la razón, frente al fiscal, a las acusaciones popular y particular, ejercidas por Movimiento contra la Intolerancia y por la familia de Aitor, por los delitos de asociación ilícita y desordenes públicos a los imputados de Bastión.

Según los datos obtenidos en el juicio de Ricardo Guerra, la policía confirmaba que Bastión fue el grupo neonazi que organizó y realizó el ataque a los donostiarras, negando la coartada de los 11 imputados que reducía su identidad a una simple pancarta para evitar la posible condena por grupo violento, tipificado ilegal en el Código Penal con tres años de prisión. Es la primera vez en España que se procesa a un grupo ultra del fútbol por este delito, abriendo la posibilidad a una jurisprudencia que puede ayudar a erradicar de grupos violentos de los estadios de fútbol.

Se equivoca la Fiscalía, contradiciendo a la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial que aprecia que en el caso de Bastión concurren todos los elementos de la asociación ilícita, al no estimar imputable ese delito. En su descargo diremos que su calificación de los hechos fue anterior a la decisión de la Audiencia, anterior a los datos revelados por la policía en el juicio de Ricardo Guerra y anterior a las imágenes difundidas por los medios de comunicación. Sin embargo sería congruente, con la realidad, que rectificara y se sumara a las peticiones de condena de las acusaciones popular y particular.

Sea lo que fuere, éste es un juicio que nos trae a la memoria el dolor de lo irreparable, porque a Aitor Zabaleta le quitaron la vida por “ser vasco” cuando iba a animar a su equipo, porque lesionaron a mujeres y hombres, sembraron el miedo y el odio, porque dejaron heridas profundas que aún continúan alimentando cuando gritan consignas obscenas contra Aitor desde su grada “ultra” y sacan pancartas que ensalzan al autor del crimen.

Siete años después, no hemos aprendido las lecciones de la tragedia. Hubo otras víctimas mortales, hubo mas violencia, los grupos de odio se extendieron a diversos estadios de diferentes categorías, todo sin la debida reacción de los directivos de los Clubs que tienen una enorme deuda con la sociedad por aceptar, cuando menos, que los grupos violentos se instalen en sus gradas ultras, constituyendo escenarios de donde no se obtiene ningún fruto válido y son la vergüenza del deporte y de una sociedad democrática.

Mientras tanto, mientras luchamos y avanzamos por la vía de la Justicia, nos queda con nuestra acción recordar a las víctimas y continuar con la labor irrenunciable de la defensa de los Derechos Humanos, en especial el derecho a la vida y la dignidad de las personas.


Esteban Ibarra
Presidente del movimiento contra la Intolerancia